Hay que tomar conciencia de que los recursos marinos aportan el 3% al PIB mundial
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Hay que tomar conciencia de que los recursos marinos aportan el 3% al PIB mundial

Asegurar la capacidad del océano para seguir contribuyendo a la economía global y al equilibrio del planeta requerirá miles de millones de dólares en inversiones, como explica Sylvia Michele, responsable del programa de economía azul del Banco Mundial.

El Mediterráneo, «la zona cero» del cambio climático

Hay que tomar conciencia de que los recursos marinos aportan el 3% al PIB mundial

por Glòria Ayuso

¿Por qué el Banco Mundial dedica un programa a la economía azul?

El 37% de la población mundial vive en áreas costeras. Más de 3.000 millones de personas dependen directamente del océano para su salud, seguridad alimentaria y empleo. Nuestro océano es esencial para un crecimiento económico sostenible a largo plazo. Sin embargo, el equilibrio se ve amenazado por la triple crisis del cambio climático, la pérdida de la naturaleza y la contaminación. Junto con estructuras de gobernanza oceánica débiles y una planificación dispersa, estas crisis están llevando al planeta hacia un punto de inflexión peligroso, amenazando la biodiversidad y a las comunidades más vulnerables.

¿En qué contribuye la economía azul?

Los recursos oceánicos bien gestionados pueden ayudar a mitigar los impactos del cambio climático, apoyar la biodiversidad, contribuir a la seguridad alimentaria y crear empleos. Nos encaminamos desde un desarrollo individual hacia otro integrado, que está conduciendo a los sectores a prácticas más sostenibles e inclusivas que pueden crear valor a largo plazo y empleos de mayor calidad. Mediante un nuevo rumbo con enfoque en economía azul, el Banco Mundial tiene como objetivo limitar los impactos de la actividad económica en la salud del océano y contribuir hacia esta planificación y gestión integrada. El programa de economía azul, PROBLUE, se nutre de un fondo fiduciario de varios donantes creado hace cinco años centrado en acciones sobre el océano. Concretamente ofrece soluciones técnicas, proporciona el trabajo analítico, la capacitación, el poder de convocatoria y las inversiones financieras necesarias para ayudar a los gobiernos a gestionar de manera sostenible sus recursos oceánicos.

¿Cuántos recursos moviliza y en qué los destina?

La cartera de la economía azul del Banco Mundial superó los 8.000 millones de dólares en proyectos activos en 2023, y ha otorgado 200 millones en subvenciones. Incluye proyectos en pesca y acuicultura sostenibles, gestión integrada de ecosistemas costeros y marinos, economía circular y gestión de residuos plásticos marinos, turismo costero sostenible, transporte marítimo y energía renovable marina.

¿Cuánta financiación debería vehicularse anualmente hacia el océano?

Se estima que se necesitan 147.000 millones de euros al año a nivel global para lograr el Objetivo de Desarrollo Sostenible 14, según el Panel de Alto Nivel para una Economía Oceánica Sostenible. Esta financiación respaldaría la conservación marina y la gestión de áreas protegidas, la gestión sostenible de la pesca, medidas de reducción de la contaminación, esfuerzos de adaptación y mitigación del cambio climático, e iniciativas de fortalecimiento de capacidades para las comunidades costeras. La brecha de financiamiento es significativa.

¿Hasta ser inalcanzable?

Hay que tomar conciencia de que el valor de mercado estimado de los recursos e industria marina y costera es de 2,5 billones de dólares al año, el 3% del PIB global. Asegurar la capacidad del océano para seguir contribuyendo tanto a la economía global como al equilibrio del planeta requerirá miles de millones de dólares en inversiones, gran parte de las cuales deberá provenir del sector privado.

¿Cómo motivarlo?

El sector público debe destinar recursos para construir un conjunto de proyectos de la economía azul invertibles que atraigan capital privado, respaldar la reforma de políticas y el fortalecimiento institucional que ayuden a crear el entorno propicio, haciendo que las inversiones sean más atractivas y menos arriesgadas para el sector privado.

¿Cómo debe ser este entorno sin riesgos?

Debemos contar con tres pilares: métricas que evalúen el potencial de la economía azul a nivel nacional y regional; políticas e instituciones sólidas para construir el entorno propicio para el crecimiento económico, la generación de empleo y océanos saludables; y herramientas de apoyo a la decisión, como políticas, la planificación de los espacios marinos para una gestión integrada y decisiones financieras. Finalmente se requiere crear nuevos mecanismos de financiamiento para la economía azul, como bonos azules, seguros paramétricos y créditos de carbono.

Una de las apuestas es el desarrollo de proyectos de carbono azul, la recuperación de los ecosistemas marinos que son potentes secuestradores de CO, albergan gran biodiversidad y protegen las costas. ¿La regulación a nivel internacional y nacional acompaña la adopción de esta solución?

El carbono azul debería incluirse en la planificación del espacio marino y en toda la gestión integrada. El marco regulatorio será crítico para su desarrollo. Deben generarse condiciones propicias que beneficien a las comunidades locales mientras el sector privado obtiene certeza sobre sus inversiones, con permanencia a lo largo del tiempo. El Banco Mundial, con el apoyo del fondo PROBLUE, ha desarrollado una guía para capacitar a los gobiernos para que vean cómo apoyar la inversión en carbono azul, en la conservación y restauración de los ecosistemas que permite beneficiar a las personas, la economía y cumplir con los compromisos climáticos del Acuerdo de París.

La acción en el sur global e inclusión comunidades vulnerables es básica según los científicos. ¿Qué papel tiene el Banco Mundial?

El Banco Mundial y el fondo PROBLUE abordan las desigualdades en la economía azul expandiendo el acceso a la educación, la capacitación y el financiamiento de grupos subrepresentados como jóvenes y ancianos, pescadores de pequeña escala, pueblos indígenas, y mujeres y niñas. Su conocimiento único, perspectivas y necesidades conducen a una mejor toma de decisiones y respaldan nuevas oportunidades económicas. Por ejemplo, inversiones tecnológicas pueden permitirles hacer crecer negocios relacionados con la gestión de residuos, o mejorar los procesos posteriores a la cosecha, aumentando potencialmente los ingresos de las mujeres.

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