El Mediterráneo, «la zona cero» del cambio climático
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El Mediterráneo, «la zona cero» del cambio climático

Administraciones y empresas colaboran en estrategias conjuntas para evolucionar el modelo productivo hacia un impacto positivo sobre el mar

Los océanos, cada vez más ahogados por múltiples crisis: del calor extremo a la avalancha de basura y la pérdida de especies



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<p style=por Glòria Ayuso

El océano hierve y el Mediterráneo, debido a su menor tamaño, refleja de manera más notoria los efectos del cambio climático. Administraciones y organizaciones están impulsando acciones de forma conjunta, en un ejemplo de colaboración público-privada, para revertir en lo posible su degradación y acelerar un cambio de modelo económico y productivo.

Es «la zona 0 del cambio climático», ha descrito el conseller de Empresa i Treball, Roger Torrent. Los más de tres años de sequía, ha indicado, son una muestra más de que «la situación señala la urgencia de adaptarnos». La interrelación del mar y el cambio climático conduce a enfocarse en su recuperación. Es por ello que Torrent considera una oportunidad implementar en este espacio iniciativas que permiten revertir la degradación de los mares y, con ello, de la salud del planeta. Se trata de «un ámbito de grandes oportunidades para transformar nuestro modelo productivo con un impacto positivo», ha subrayado el conseller.

Aceleradores del cambio

Eventos como la Copa América de Vela y la Conferencia Decenio de los Océanos en Barcelona están acelerando esta transformación del modelo económico, hasta el punto que «2024 marca un punto de inflexión para redirigir nuestra relación con el mar». La financiación se está dirigiendo a grandes proyectos como la transformación del Puerto de Barcelona para la descarbonización de su actividad, que demanda tanta electricidad como una ciudad de 200.000 habitantes. Con el 50% de los muelles electrificados en 2025, «nos hemos tenido que convertir en mayoristas de electricidad, un nuevo modelo de negocio que no conocíamos, para ser sostenibles», indica la directora de Innovación del puerto, Emma Cobos. Una opción que se ha presentado como «una oportunidad muy interesante».

Banco de pruebas

Como ésta nueva actividad, el puerto, que se está erigiendo en un banco de pruebas de innovadoras startups, también se está abriendo a nuevas posibilidades y sectores, como la biotecnología y la regeneración de la biodiversidad marina, antes poco pensable en una instalación de sus características. «Es un mundo nuevo», resalta Cobos.

Del mismo modo, cinco astilleros catalanes trabajan en un proyecto impulsado por la Fundación Barcelona Capital Náutica (FBCN) para promover una industria náutica en Catalunya de cero emisiones. «Tenemos que espabilar. El Port Olímpic se ha transformado y alberga a fabricantes de embarcaciones eléctricas que pueden cargarse con las nuevas instalaciones que hemos habilitado», indica su máxima responsable, Olga Cerezo. Recientemente el Moll Recer ha instalado nuevos biotopos de regeneración marina. En el espacio se han empezado a instalar los primeros locales de los 50 que reunirá este verano la nueva área dedicada a la economía azul, que antes albergaba locales nocturnos. «Barcelona puede liderar este cambio, generando una nueva actividad respetuosa y productiva», afirma Cerezo.

La transformación demanda la actuación de múltiples actores. Sin ir más lejos, las energias renovables, las desaladoras y la electrificación del transporte requiere de nuevos puntos de conexión y suministro. En un verdadero reto para dar respuesta a una demanda exponencial, «la transición energética la tenemos que hacer entre todos», y «obliga a mejorar la capacidad de planificación de administraciones y empresas», señala el director general de ENDESA en Catalunya, Enric Brazis.

Ciudad «antifrágil»

Aprovechar el ecosistema innovador de la ciudad y la colaboración publico-privada para una transformación estratégica y urgente que posicione competitivamente a la ciudad liderando la respuesta al cambio climático es la actitud necesaria para la presidenta de Barcelona Global, Maite Barrera. «Barcelona es una ciudad que, más que resiliente, es antifrágil», señala, para indicar que el camino es, más allá de la capacidad de adaptación, el del fortalecimiento y la innovación constante que permita afrontar los desafíos del cambio climático de manera efectiva, asegurando un futuro más próspero para todos sus habitantes.

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